Esta joya de la arquitectura racionalista catalana convive entre medio de un pinar a escasa distancia del mar mediterráneo. La casa se despliega y juega con el paisaje a la vez que los espacios interiores y exteriores se comunican con complicidad armoniosa. Las entradas de luz vienen moduladas por transparencias, opacidades y celosías.
Este proyecto forma parte de una propuesta de reconvertir esta casa en una casa-hotel donde el huésped se sienta como en casa.
Los espacios comunes pretenden acoger al huésped con la calidez que respira el lugar; para ello se ha trabajado intensivamente en la zonificación de los espacios, en unas circulaciones de lo más fluidas y en un contacto constante con el entorno.