Un anteproyecto de decoración interior tridimensionado permite visualizar su futura adquisición de vivienda

Dice el marketing emocional que la compra de un producto es un 99% impulso, sentimiento o emoción que solo se ha razonado en parte. Al igual sucede con los productos o servicios que necesitan de un tiempo de reflexión hasta el momento de su adquisición como es el caso de la compra de un bien inmobiliario.
Un impás de razonamiento se establece cuando el cliente contacte algún tipo de servicio inmobiliario, se sumerja en portales y realice alguna visita in situ.  Está claro que este es un ejemplo de un producto que necesita de un tiempo de reflexión y de una posible evaluación de posibilidades de compra, revisión de propuestas y ofertas y decisión de compra escalonada.Por otro lado ofrecer, sobre todo hoy en día, un servicio altamente cualificado y con una presencia del producto impecable es lo que necesita el potencial comprador o inversor. En este último caso un book de fotos que pretenda transmitir la esencia del espacio con marcada intencionalidad, una intervención de home staging que revele lo que realmente está en manos con la mejor de las presencias, son elementos que navegan en el terreno de lo emocional. ¿Pero qué pasa con las verdaderas posibilidades del espacio, aquellas que las fotos del estado actual, incluso con una intervención de maquillaje, no llegan a conectar con el cliente? Si hay personas que incluso con toda la señalética en acción se pierden en un parking, cómo las va a no haber que ante un comentario del tipo “este piso tiene muchas posibilidades”, se sientan absolutamente desorientadas y frustradas?

proyecto de decoración interior tridimensionado

Se trata pues de materializar esta visualización del proyecto de decoración interior: ¿cómo el espacio que está viendo in situ puede convertirse, en el espacio que efectivamente necesita? Cuando hablo de visualización me refiero a poner al alcance del cliente aquel material que le permita proyectar en el espacio y en el tiempo el acontecer de su futura compra. Se trata de hacerle conectar viviendo el piso, la torre, el local en su estado actual, con las posibilidades reales que estos espacios pueden aportarle a él, a sus necesidades, que de hecho son aquellas que lo han movido a emprender la búsqueda de nueva ubicación, de nuevo hábitat. Unas imágenes en tres dimensiones sobre cómo puede solucionarse la distribución de un salón, ahora visto en estancia vacía, o una cocina en estado lamentable, es el lenguaje visual que un cliente agradece en el ejercicio de visualización y proyección que se le impone en toda compra inmobiliaria. Este anteproyecto arquitectural tridimensionado, en términos de estar a la escucha, de rendimiento percibido, de expectativas y niveles de satisfacción, genera que el cliente se siente más vinculado.

Saber explicarnos un espacio y saberlo explicar, tener un relato claro de lo que queremos hacer nos pondrá las cosas más fáciles; por otro lado es un indicador del valor que le damos a lo que ofrecemos. Finalmente es un acto de compromiso porque estamos destinando unos recursos a una opción en la cual creemos.

Estoy hablando de seducciónatraccióninfluenciapersuasión; todos ellos van cogidos de la mano.